David Nalbandian: Un retiro que duele

lucas gabrielPor Lucas Gabriel

Estudiante de Abogacia- Universidad de Buenos Aires

Martes 1° de Octubre de 2013, aparentaba ser un día normal, uno de los tantos. Esperábamos las novedades que surgirían de la Conferencia de Prensa de nuestro ídolo en las primeras horas de la tarde. Pensábamos que sería para promocionar sus exhibiciones frente a Nadal, pero no estábamos preparados para esto. No para el anuncio de su retiro. La prensa se haría presente para informar a sus lectores, oyentes y televidentes. Los fanáticos estaríamos pendientes de cuanto medio tuviéramos a nuestra disposición: Celulares, Twitter, Facebook, TV, Radio… Pero cuando el momento llegó no creíamos lo que leíamos, lo que escuchábamos, lo que veíamos. Nuestro emblema, nuestro Rey, nuestro guerrero de mil batallas nos marcaba su despedida y nos dejaba con un vacío enorme en el pecho.
Y no es para menos, aquél personaje casi mítico, tan lejano, tan grande, fue durante todos estos años protagonista de mañanas, tardes y noches de magia, culpable del infaltable nerviosismo que nos generaban cada uno de sus partidos pero que indudablemente lo disfrutábamos. Y como olvidarnos de las madrugadas en vilo que supo compartir con nosotros, él allí con su raqueta en la mano en la otra punta del mundo, nosotros aquí aferrados al control remoto y pegados a la tele, a Internet o cualquier otro artefacto que nos permitiese saber si todo marchaba viento en popa, si estaba set arriba, si había quebrado el saque o si su revés a dos manos estaba haciendo estragos en sus rivales. Nuestras familias, testigos tanto de los festejos como de los insultos, que los hacía saltar de la cama sin discriminación horaria.
Nosotros, faltando al colegio o entrando tarde a la facultad para seguirlo y hasta llamando en medio de nuestra jornada laboral al familiar que se dispusiese a soplarnos como le estaba yendo al cordobés. Nosotros, capaces de llegar hasta el mismísimo pueblo de Unquillo para conocer su tierra natal y aquel templo de cemento que forjó semejante jugador. Capaces de sentir tanta felicidad al obtener como regalo de aniversario la camiseta idéntica con la que él saltaba a las canchas. Nosotros felices con solo saber que él jugaría.
¿Y él? Era capaz de alegrarnos el día con una victoria o bajonearnos con una simple derrota, capaz de provocarnos un llanto de felicidad o de impotencia dependiendo de su desempeño en los courts. Sin embargo en las malas el alivio llegaba rápido cuando recordábamos que pronto “tendríamos” revancha en una nueva batalla, porque sus alegrías y tristezas eran las nuestras.
Sí, él fue capaz de generarnos todo esto. Él, que irrumpió en nuestras vidas sorpresivamente ese día de Junio del lejano 2002 alcanzando la final de Wimbledon, que despertó nuestro interés con cada magnifica participación en el circuito al mando de la dorada “Legión Argentina” alzándose con la Copa Masters de Shanghai del 2005, derrotando al mejor jugador de la historia en 5 sets. Que supo deleitarnos con sus victorias a los 3 mejores jugadores del mundo en el mismo certamen. Él, que supo escalar al 3er lugar del ranking, alcanzar las semifinales de los 4 Grand Slam, terminar dentro del Top Ten mundial durante 5 temporadas consecutivas y hacerse de 11 títulos ATP. Él, que siempre llevó nuestra bandera argentina a lo más alto, que se emocionó hasta las lágrimas con nuestro himno, que jugó lesionado por la celeste y blanca, que se convirtió en el máximo emblema argentino en Copa Davis casi a la par del legendario Guillermo Vilas y que un instante después de ganar su torneo más resonante sorprendió desde China firmando en la cámara de televisión un “Vamos Argentina” en lugar de estampar su nombre como el resto de sus colegas lo hacían.
Él, que supo ser uno de los mejores del planeta en lo suyo y disfrutar la vida al mismo tiempo, que siempre tuvo en la cabeza que quería y hacia dónde iba, que despertó elogios alrededor de todo el mundo tanto de espectadores y especialistas, como de viejas y actuales figuras del tenis.
Ahora se nos va, y para muchos de nosotros muere parte del tenis con su retiro. Nos deja con la sensación de que se merecía la Copa Davis por el esfuerzo, la garra, la dedicación; para él y para nosotros. Pero es difícil resignarse a no verlo pisar una cancha nunca más y los fanáticos, que no creen en imposibles, a través de una página web lanzaron un petitorio para que “regrese a la máxima competición por equipos en 2014 para hacer un último intento por lograr su sueño: levantar la Ensaladera de Plata por primera vez en la historia de nuestro país” https://docs.google.com/forms/d/1VIQPsnUG-kZgY49YtEIiLkQfJukPqG-qxfDIqEeOPVY/viewform
Él, ídolo, auténtico, único, exclusivo, mágico, exquisito. Él, el gringo, el cordobés, el Tifón de Unquillo, el Rey David: David Nalbandian. Eternamente gracias!
¿Y vos? ¿Qué llegaste a hacer por él, cuál es ese punto, ese partido que jamás olvidarás, aquello que te quedará grabado en la memoria para siempre? Te invitamos a agradecerle con algunas palabras.

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